Era de noche cuando vi aquellos negros ojos. Era de noche cuando brillaron en su anhelo. Una luz extraña que no se siente con sentidos normales, que llega hasta el alma.
Reían sus lágrimas cómo si el empuje de su risa fuese lo único suficientemente poderoso para deshacerse de su obscuridad.
Obscuridad acumulada hasta licuarse al borde del abismo, obscuridad suicida cayendo en el alquitrán del asfalto.
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